martes, 25 de julio de 2017

Juego de Tronos: El Fanfic Strikes Again (Capítulo 2, Temporada 7)


Al parecer, pedir niveles de calidad y coherencia en esta serie era mucho pedir, al menos en lo que a trasfondo se refiere. No tuve más que alegrarme de que el primer episodio había ido razonablemente bien, para que en el segundo ya empiecen a saltarme las bofetadas a la cara.
A ver, yo entiendo que hay que complicar un poco las cosas para Daenerys y sus muchachos, porque si el plan les sale bien tal como estaba montado, habrían conquistado Desembarco del Rey y clavado la cabeza de Cersei en una pica antes de que a los cuervos de Lord Mormont les hubiese dado tiempo de decir "maíz". Pero las complicaciones tienen que montarse un poco mejor y con coherencia.
En primer lugar, permítanme que felicite a los ponientis por tener los mejores sistemas de comunicaciones que una sociedad pre induestrial podría soñar. Los cuervos nunca se pierden, siempre llegan a su destino, y encima son cuervos express que tardan unos pocos días en recorrer volando miles de kilómetros. Claro que igual usan teletransportadores, porque todos sabemos que últimamente las personas en Poniente no viajan: se teleportan. Personajes que la última vez que los vimos estaban en la otra punta, de repente están donde el argumento lo requiere aunque no hayan tenido tiempo material para ello. En este sentido se nota MUCHO que la serie ya no sigue las directrices de los libros, donde al menos los personajes iban LENTOS porque recorrían cientos o incluso miles de kilómetros parándose a dormir, comer, repostar, todas esas cosas tan tontas. Además, los tiempos de los personajes no coinciden en absoluto. Para algunos parecen haber transcurrido meses, para otros, semanas, o incluso unos cuántos días.
Y por último, están los errores militares. Pero no errores de chichinablo, no. Errores tan garrafales que harían enrojecer de vergüenza a cualquiera que controle un mínimo sobre Historia Militar. Errores que me han hecho llevarme las manos a la cabeza a mí, que aunque sea aficionada, tampoco soy ninguna experta mundial sobre el tema.
Como no puedo hablar más sin hacer SPOILERS, paso a comentarlos más abajo:


ROCADRAGÓN: ¡Aquí viene la primera ración de TETAS de la temporada! Como Emilia Clarke ya dejó claro que pasaba de desnudos gratuitos, la encargada de cubrir el cupo obligatorio es Missandei, que se lo monta con Gusano Gris más o menos como puede. La escena es bonita, pero debo reconocer que me sorprende, teniendo en cuenta que estos dos, según creo recordar, ya se declararon en Meereen. De repente todo el mundo ha llegado a Rocadragón (Lady Olenna, Ellaria y sus Serpientes, Melissandre de Asshai...), lo cual sugiere un salto temporal bastante gordo respecto al capítulo anterior, pero Daenerys y los demás siguen llevando la misma ropa que el día en que llegaron (?)
Por cierto, inexactitud trasfondísica: Missandei dice que la palabra "príncipe" no tiene género en lengua valyria, y que por lo tanto puede significar tanto "príncipe" como "princesa". Esa no es la explicación que George R.R. Martin da a la Profecía en sus novelas. Según el Maestre Aemon (cuando todavía estaba vivo) la confusión de género se debe a que se identificaba al Príncipe Prometido con un dragón, y resulta que los dragones son hermafroditas secuenciales: pueden cambiar de sexo masculino a femenino y viceversa, según les convenga (como los dinosaurios de Jurassic Park, para entendernos). Así pues, el Príncipe Prometido perfectamente podía resultar ser una Princesa, como de hecho termina siendo.


ANTIGUA: Si para Daenerys parecen haber transcurrido varias semanas, a Samwell Tarly apenas le han corrido unas horas; días, como mucho. Para intentar curar a ser Jorah Mormont, nuestro Sam lleva a cabo un innecesario desollamiento sin anestesia. Digo yo, ¿y la leche de amapola? ¿Es capaz de encontrar el manual para la operación, los ungüentos adecuados y el material quirúrgico, pero no es capaz de encontrar un frasco de leche de amapola en toda la Ciudadela de Antigua?


EL NORTE: Daenerys le pide a Tyrion una entrevista, e increíblemente todos los norteños se niegan. ¿Un yacimiento entero de vidriagón y tres dragones esperándoles y SE NIEGAN? A ver, sé que los norteños tienen su orgullo, pero el orgullo tiene un límite. "Robb Stark fue hacia el sur y perdió el reino", le dicen, pero al parecer olvidan que Robb Stark fue al encuentro de sus enemigos, no a establecer una alianza. Menos mal que Jon, en este caso, actúa con sentido común y decide acudir de todas maneras, aunque la clásica insensatez de los Stark vuelve a ponerse de relieve cuando agarra a Meñique por el cuello cuando éste se atreve a decirle que está enamorado de Sansa. Aunque la perspectiva no le haga ni puñetera gracia, hay que tener en cuenta que, primero, los caballeros del Valle de Arryn están allí gracias a Meñique, y en segundo lugar, que lo mismo no es coherente enemistarse con él cuando acto seguido lo va a dejar en Invernalia junto a Sansa.


LAS TIERRAS DE LOS RÍOS: Cameo de Pastel Caliente, con el único motivo de que Arya se entere de que Jon Nieve está en Invernalia y abandone su camino hacia Desembarco del Rey. La gran pregunta es: ¿por qué lo hace? ¿No se da cuenta de que para ayudar a su "hermano" va a tener que matar a Cersei de todas maneras? ¿No es más práctico ir a Desembarco, quitar de en medio a la Reina (y al Matarreyes, y a la Montaña, y a quien se tercie), teniendo en cuenta que es una Mujer sin Rostro, y luego marchar al Norte si es eso lo que quiere?
Muy triste el reencuentro con Nymeria, que retribuye a su antigua ama el mismo trato que ésta le dio ("te salvo la vida, pero te abandono").


DESEMBARCO DEL REY: Hasta aquí más o menos lo entendía, pero ahora las cosas empiezan a torcerse. ¿Por qué acuden los señores del Dominio a Desembarco del Rey? Cersei voló en pedazos a los Tyrell y a buena parte de la nobleza del Dominio, ¿por qué los supervivientes se plantean traicionar a Lady Olenna? ¿Qué ganan con ello? ¿Y por qué creen a Cersei cuando ésta les habla de lo mala malísima que es Daenerys? Por lo que ellos saben, Cersei perfectamente se podría estar inventando lo que dice de ella. Sobre todo teniendo en cuenta las mentiras que suelta acerca de los Tyrell y su inexistente "traición a la Corona".
Especialmente sangrante me resulta que uno de los que acude a la llamada de Cersei sea Randyll Tarly. Lord Tarly sabe que la Casa Tyrell se termina con Olenna, sin importar quién se siente en el Trono de Hierro. Y ésta tendrá que nombrar a un heredero, que probablemente sería el más fiel y poderoso de sus señores. Éste, al menos hasta ahora, es Lord Tarly. ¿Por qué traicionar a su señora aliándose con Cersei (algo que no va en absoluto con su personalidad) en lugar de apostar al caballo ganador que parece ser Daenerys, si probablemente acabará siendo el nuevo Señor de Altojardín de todas maneras?
Aaah, no, esperad, que resulta que el Maestre Qyburn ha ideado un Arma Maestra Ultrasecreta que servirá para matar dragones. El Arma Secreta no es más que un vulgar lanzavirotes pesado, que no es por nada, pero en nuestro mundo ya se conocía en tiempos de los romanos.
Y aquí comienzan los errores militares gordos, pero de verdad. Porque, a pesar de que los guionistas del fanfic pretendan vendérnoslo como el Arma Definitiva, la verdad es que un lanzavirotes pesado resulta ser bastante ineficiente, cuando no directamente inútil, para matar a un dragón. ¿Por qué? Pues porque no es lo mismo disparar a un cráneo estático que se encuentra 30 metros de distancia que a un dragón vivo, que no sólo tiene piel dura y músculo además de huesos, sino que es un ser volador que se mueve a bastante velocidad y en tres dimensiones. He aquí los principales problemas:

-Los lanzavirotes son muy poco maniobrables. Tendrían que estar montados en plataformas giratorias con eje vasculante para poder apuntar en todas direcciones y subir y bajar.

-Es extremadamente difícil acertar a un blanco volador, que puede moverse en todas direcciones (incluyendo arriba y abajo), a velocidad y altura variables, sin cálculos telemétricos.

-Además, los lanzavirotes tienen poca cadencia de fuego (lanzan un único proyectil que luego hay que recargar. Para volver a tensar el arma y recargarla se necesitarían al menos dos operarios, tardarían como mínimo un minuto, y eso suponiendo que se tratase de artilleros bien entrenados que se relevaran unos a otros continuamente para evitar la fatiga. ¿Tiene Cersei un buen número de artilleros bien entrenados en el manejo del lanzavirotes? Si Qyburn ha estado dirigiendo la forja tan en secreto, intuyo que no.

-El proyectil que se clava en la calavera de la Fortaleza Roja va recto y está prácticamente a quemarropa, pero resulta que los proyectiles van perdiendo fuerza (y por consiguiente, capacidad de penetración) a larga distancia y yendo contra gravedad. Los dragones de Daenerys no estarán a tan corto alcance como el cráneo, y si se acercan lo suficiente, también estarían lo bastante cerca como para lanzar una llamarada capaz de reducir a cenizas a los artilleros y fundir el lanzavirotes).

-Todo esto al margen de que, para tener la suficiente cadencia de fuego como para neutralizar a tres dragones, los soldados Lannister deberían tener por lo menos cinco lanzavirotes coordinados para cada dragón. Y aunque es de super que Qyburn haya mandado forjar más de uno, aprovecho para aclarar que el control de tiro sincronizado (es decir, coordinar varias piezas de artillería para que disparen a la vez a un mismo objetivo) no se inventó hasta el siglo XIX, con lo cual sería muy poco creíble que los matemáticos de Desembarco del Rey pudieran desarrollar esos cálculos de la noche a la mañana. 

-Por supuesto, luego llegarán los autores del fanfic y nos colarán por la escuadra medio centenar de lanzavirotes mágicos que tienen peso pluma, la penetración de un proyectil antiaéreo de 40mm, una dotación de artilleros incansables y una puntería digna de un Tomahawk teledirigido. Pero a mí, desde luego, no me la colarán.


LA FLOTA DE HIERRO: Además de TETAS, teníamos que tener MUERTE, y no muertos random como los del capítulo anterior, no. Tenían que ser muertos con nombre y apellidos. Como para la trama de Dorne sobraban tantas dornienses, pues nos cargamos a las Serpientes de Arena, que esta temporada sólo han salido para morir (como si nos hicieran falta más pruebas de lo mucho que los guionistas odian a los dornienses).

¿Cuántas Serpientes de Arena hacen falta para seguir con la trama de Dorne?
 

Y, para quitarlas de en medio, no se les ocurre otra cosa que una batalla naval. Una batalla naval que ha conseguido cabrearme porque es un ABSURDO de principio a fin. Tiene tantos errores que sólo me dedicaré a comentar los más garrafales, porque si no, no acabaría nunca:

-Para empezar, lo evidente: ¿cómo sabía Euron dónde estaba la flota de sus sobrinos? Aunque de algún modo (no se sabe cómo) hubiera conseguido averiguar que Theon y Asha/Yara iban a navegar hacia Dorne, ¿cómo es posible que supiera cuándo iban a zarpar, por dónde iban a pasar, y encima los encontrase en plena noche? Porque de noche, nobles caballeros y hermosas damas, NO SE VE UN CARAJO. No me vale la excusa "es que los barcos llevarían fanales de posición"; ese tipo de fanales eran luces tenues, que no se veían a larga distancia y sólo servían para señalar tu posición al resto de barcos de tu flota.

-Y aunque fuera de día, resulta que el mar es ENORME. Para que os hagáis una idea de los difícil que es encontrar un barco en medio del mar, os contaré una anécdota real: en el año 1941, con aviones, submarinos y una ristra de portaaviones, acorazados, cruceros y destructores, todos ellos con tecnología moderna y radares a su disposición, la Marina Británica fue incapaz de encontrar el acorazado Bismark en el Mar del Norte, y eso que sabían no sólo que estaba por allí, sino que tenía una pérdida en el depósito de combustible e iba dejando una estela de fuel en el agua. Lo estuvieron buscando durante tres días y al final lo localizaron no porque lo encontraran, sino porque interceptaron una comunicación y pudieron ubicar el origen de la señal de radio. Aunque en la serie estamos hablando de una flota entera en lugar de un sólo barco, sigue siendo tan sólo un puntito diminuto en la inmensidad del mar. Ya habría sido una chiripa absoluta que Euron fuera capaz de encontrar a sus sobrinos a plenas luz; que lo haga en la oscuridad es directamente imposible.

-Vale, supongamos que por arte de birlibirloque Euron ha localizado la flota de sus sobrinos. Una vez han llegado a distancia de ataque, ¿cómo puede la flota de Euron distinguir sus barcos de los otros en la oscuridad, máxime cuando todos llevan el Kraken de los Grejyoy como emblema? ¡Pero nooo, esperen, que Euron la tiene más larga que nadie y es capaz hasta de distinguir el barco insignia de sus sobrinos entre todos los demás barcos! Algo materialmente imposible de conseguir sin visión nocturna, prismáticos y un radar, porque como ya hemos dicho, de noche NO SE VE UN CARAJO.

-¿Cómo ha montado Euron una flota tan rápido? En Pyke no hay árboles, ¿de dónde ha sacado la madera? Es más, ¿de dónde ha sacado madera seca y lista para montar las naves? Porque hacían falta DIEZ AÑOS de secado para que la madera de un tronco estuviera lo bastante endurecida como para mantener la forma del barco y no combarse con la humedad del mar, con las consiguientes vías de agua que eso implicaba. ¿De dónde ha sacado los aparejos, las jarcias, las catapultas, todas esas cosas que hay que fabricar para armar los barcos porque Theon y su hermana se llevaron totalmente equipada la flota del Hierro? ¿Tiene Pyke un Arsenal más grande que la República de Venecia o el Imperio Otomano? ¿Y de dónde saca Euron el dinero para pagar todo eso?

-Y ahora vamos al meollo de la cuestión. ¿Batallas navales nocturnas? Salvo pequeñas escaramuzas de unos pocos barcos que se encontraran por casualidad o trataran de romper el bloqueo de un puerto, no hubo batallas navales nocturnas hasta la invención del radar (es decir, en la Segunda Guerra Mundial), e incluso con radar de por medio, los capitanes preferían combatir de día. ¿El motivo? Pues que, como creo haber mencionado antes, por la noche en medio del mar NO SE VE UN CARAJO.

-Si Asha/Yara es una marina experta, ¿cómo no se le ocurre la maniobra básica de cualquier almirante de desplegar naves ligeras de reconocimiento a los flancos de su convoy, para que vayan de avanzadilla y puedan informar del avistamiento de cualquier barco enemigo en las proximidades?

-Pero incluso aunque Asha/Yara hubiera cometido la estupidez de no desplegar avanzadilla, ¿cómo es que ningún puñetero vigía de su flota ve acercarse los barcos de Euron, cuando Euron sí que es capaz de verlos a ellos? Es más, ¿cómo es que ningún puñetero vigía ve a los artilleros de Euron encender las catapultas antes de lanzarlas? 

-¿Cómo tienen una puntería tan jodidamente buena con las catapultas? En el siglo XV, los marinos de la República de Venecia se hicieron famosos por ser capaces de acertar DE DÍA con sus culebrinas a una nave enemiga a 400 metros de distancia, algo que ninguna otra armada del mundo podía lograr. ¿Y se supone que Euron es capaz de reventar los barcos de sus sobrinos en plena noche y con catapultas, que tienen una precisión bastante peor que las culebrinas?

-Con todos los barcos pegados, ¿cómo es que el fuego no se propaga indiscriminadamente quemando barcos de las dos flotas? ¿Es un fuego mágico que sabe distinguir los barcos-Greyjoy-sobrinos de los barcos-Greyjoy-tíos?

martes, 18 de julio de 2017

Juego de Tronos: El Fanfic Strikes Again (Capítulo 1, Temporada 7)


Bien, ya estamos aquí. Hemos cruzado al otro lado y ya nos encontramos Más Allá del Muro. Por fin han acabado absolutamente todas las referencias a los libros, y la serie televisiva está pisando nieve virgen (literalmente, en algunos casos) en todos los arcos argumentales. Y mientras tanto, el sexto volumen de Canción de Hielo y Fuego sigue sin salir. De hecho, empiezo a albergar la terrible sospecha de que George R.R. Martin está tan desbordado y bloqueado con su propia historia que se ha esperado a ver cómo solucionan las tramas los guionistas para buscar ideas y ver qué hace él.

En cuanto al capítulo en sí, en líneas generales ha estado bastante bien. No han aparecido TETAS (se nota que ya empieza a hacer fresquillo en Poniente), pero sí que ha habido muertos en abundancia, tanto recientes y frescos como algo resequillos. Ha sido, como suelen serlo todos los primeros capítulos de la serie, un episodio centrado en la presentación y el posicionamiento de personajes. Ya comenté que la temporada pasada fue una temporada-escoba, diseñada para cargarse sin compasión a todos lo que sobraban y para situar a los supervivientes en los lugares donde debían estar de cara a la traca final. En este primer capítulo de la séptima temporada los vemos llegando al fin a su puesto o asentándose en él, y también se insinúan en ellos los principales rasgos de carácter que las anteriores temporadas han cincelado en ellos y el modo en que ésto los va a mejorar (o empeorar) como personas. Así, tenemos a una Cersei de corazón helado que cada vez se aleja más de la realidad, a Jaime más indeciso que Homer Simpson en un McDonalds, a Jon y Sansa debatiéndose entre su rivalidad como señores de Invernalia y su cariño de no-hermanos, y a una Arya que parece recién salida del Templo Callidus, entre otros personajes.

Es cierto que ha habido algún OOC flagrante, sobre todo con Cersei, pero en líneas generales este capítulo del fanfic me ha gustado. Espero que sea señal de la tónica que vamos a tener en esta mini-temporada y que no se estén guardando los despropósitos para el final. De hecho, si todos los episodios son del nivel de éste, me doy con un canto en los dientes.
Más detalles acerca del capítulo en los SPOILERS:


LOS GEMELOS: ¡Empezamos fuerte! Arya Stark, haciéndose pasar por Walder Frey, reune a todos los varones de la familia en el comedor y los envenena. ¿Cómo llamaríamos a esto? ¿El Banquete Rojo? Sea como sea, es una escena de fanservice a saco que no por ello es menos lógica (¿por qué matar a Walder y dejar vivos al resto de los Frey?), y que nos revela, ya definitivamente, que Arya ha copado la trama de su madre como Lady Corazón de Piedra. Sin embargo, el corazón de la loba es más piadoso y razonable que el de su madre en las novelas: me ha gustado el detalle de que perdone la vida a las mujeres porque las sabe inocentes. Lo cual, además, nos deja la duda de qué decidirá hacer la joven Stark con los soldados Lannister que se encuentra en el bosque. ¿Los matará porque son afines al enemigo, o los dejará vivir al darse cuenta de que no son más que hombres normales, con familia y sentimientos, que sólo hacen lo que les mandan? Visto lo visto, yo apostaría por la segunda opción.


INVERNALIA: Qué peligro tiene este arco argumental, por Dios, ¡qué peligro! Por una parte, Petyr Baelish malmetiendo, o más bien intentando malmeter, porque se pasó cincuenta pueblos juntando a Sansa con Ramsay, y ahora la Stark le tiene tanto rencor que la situación se le está yendo de las manos. Esta es una de las tramas que más difiere con las novelas: mientras en los capítulos de avance de Vientos de Invierno Sansa sigue en el Valle como fiel discípula de Meñique, en la serie está revelándose como una mujer cínica y amargada a quien los disgustos le han robado lo mejor de sí. El tira y afloja que lleva con Jon, con esa ambivalencia entre las tensiones por el poder y el amor fraternal, se promete bastante interesante. La única forma de solucionarlo sería mediante el matrimonio, pero en ese caso alguien debería decirle a Jon que es hijo de Lyanna y Rhaegar, y quitando a Howland Reed (que teóricamente sigue vivo, pero por ahora ni está ni se le espera) el único que sabe la verdad es Bran. Aunque, por otra parte, ser hijo de Rhaegar Targaryen lo haría el más indicado para casarse con Daenerys, y de esa manera volver a unificar los Siete Reinos. ¿Quedaría entonces Sansa como Señora de Invernalia? En ese caso, el más indicado para desposarla sería Petyr Baelish, lo cual convertiría de un plumazo a Lady Stark-Bolton-Lannister en Señora tanto de Invernalia como del Nido de Águilas. Sea como sea, la clave del éxito es que los Stark permanezcan unidos, y en este sentido no me ha gustado nada el OOC que le han metido a Sansa para insinuar que la joven puede haberse convertido en un peligro: que Jon insinúe que admira a Cersei y ella, en lugar de negarlo, responda que aprendió mucho de ella... A ver, ¿¿perdón?? Cersei no sólo ha estado destrozando la vida de Sansa desde que la conoció (razón de más para abominar de cualquier cosa que pudiera haberle enseñado), sino que es una auténtica estúpida, ha cometido un error tras otro, se ha quedado sin aliados y sin amigos, es cruel, misógina, vengativa, codiciosa y absolutamente irresponsable. Si ese es el mejor ejemplo que Sansa ha podido encontrar para jugar al juego de tronos, más le valdría volver a arrimarse a Petyr Baelish, que al menos la quiere viva, aunque sólo sea para follársela imaginando que es Catelyn. Y encima tiene la desfachatez de decir que Eddard y Robb fueron unos estúpidos que cometieron errores absurdos y por ello acabaron muriendo, que mira, no negaré que sea verdad, pero tampoco es que Sansa sea la más adecuada para criticar cuando siempre ha sido la tonta oficial de la familia.


EL MURO: Llaman a la puerta y cuando Edd el Penas baja a abrir en persona (sí que andan escasos de Guardias en el Muro para que el Lord Comandante tenga que hacer guardia en la portería) se encuentra con Meera y con Bran, el cual acaba de tener una visión de los Caminantes Blancos para que los espectadores más despistado recuerden que siguen ahí (para lo que están tardando en llegar, para mí que se han perdido y llevan las últimas cinco temporadas dando vueltas en círculo). La principal función de Bran en lo que queda de historia me parece que va a ser aportar información, aprovechando unas visiones que básicamente van a servir para mostrar al espectador y a los personajes lo que a los guionistas les dé la real gana (y les convenga que sepan). Vamos, que o mucho me equivoco o se aproxima la era del Bran Ex Machina.


DESEMBARCO DEL REY: El OOC más feo, amargo e incompresible va en esta trama. Cersei, la madre coraje, la que se corrompió hasta límites insospechados y se volvió cruel, tiránica y sanguinaria con la única motivación de salvar a sus hijos, es una zorra fría y desalmada a la que se la suda ampliamente que hayan muerto Tommen, Joffrey y Myrcella (a veces me pregunto si se acuerda de Myrcella). Jaime intenta hacerla razonar: "No tenemos aliados, estamos rodeados de enemigos, y de cualquier modo da igual el puto trono porque tampoco tenemos herederos y somos los únicos putos Lannister que quedan en el mundo sin contar con el enano que ahora está con Daenerys, ¿por qué no salimos por patas y esas cosas mientras tengamos tiempo?". Pero Cersei, que es más chula que un ocho, dice que por los cojones, que piensa quedarse el trono para ELLOS, aunque su dinastía bipersonal vaya a durar como mucho treinta o cuarenta años (JA), y que ha conseguido amigos poderosos. Ese amigo (en singular) es Euron Greyjoy, que en lugar de ser un tío listo como en las novelas e intentar ganarse a Daenerys ofreciéndole matrimonio a cambio de su flota, es un tío bastante tonto y ha decidido hacer ese mismo trato pero con Cersei. Increíblemente, y a pesar de saber para qué venía, la leona lo rechaza (!), y él se va diciendo que va a hacerle un regalo, después de divertirse haciendo bulliyng a Jaime Lannister. Ese regalo supongo que será un dragón, cosa que Cersei no sabe porque ignora la existencia del cuerno de Valyria. Me parece probable que lo consiga y que parte del conflicto de esta temporada sea la pugna de Daenerys y Euron por el control de los dragones.


MORDOR ANTIGUA: ¡Que levante la mano el que no haya pensando en Sauron al ver la luz sobre la torre de la Ciudadela! Aquí tenemos al pobre Sam, alias el Pequeño Saltamontes, que aparte de aprender anatomía y ocuparse de la biblioteca, se dedica a servir comida y a limpiar mierda. Ah, y por las noches va a visitar a Elí y se cuela en la Sección Prohibida de Hogwarts. Oigan, me queda la duda, ¿este hombre cuándo come? ¿Y cuándo duerme? ¿Le ha dado un giratiempo la profesora McGonagall? Otra cosa que me deja flipada es que hable tan alegremente de los Otros en la Ciudadela, cuando TODOS (ejem, me refiero a todos los que hemos leído los libros) sabemos cómo se las gastan en realidad los Maestres de la Ciudadela. La verdad es que no tengo ni idea de por dónde van a echar a rodar la trama de Sam: o se cargan por completo la conspiración de los Maestres, o mucho me temo que el gordito de oro podría no llegar vivo a la octava temporada. El Archimaestre que hace la autopsia es Ebrose, no Marwyn, pero no sabemos si es porque los guionistas han decidido eliminar a Marwyn y a Alleras de la serie o porque todavía no han querido hacerlos aparecer (aunque, si es así, ¿a qué están esperando? ¿A que Sam la cague y hable demasiado para que lo puedan matar a final de temporada?).
Y por último, aunque no por ello menos importante, ¿el tío de la celda es ser Jorah Mormont infestado de psoriagrís? Ian Glein aparece en el cast de este capítulo, así que deberíamos suponer que sí. Y en tal caso, ¿alguien me puede explicar cómo y por qué ha llegado a la Ciudadela de Antigua?


LA HERMANDAD SIN ESTANDARTES: Una de las partes más tristes, más bonitas y más desconcertantes del capítulo. Triste por la historia de la niñita y su padre (¿alguien ha dicho "grimdark"?), bonita por ver los atisbos crecientes de humanidad en el Perro, así como sus diálogos, que son lo más parecido al humor que hay en este capítulo. Y desconcertante porque, después de seis temporadas machacando con que no hay dioses, que los dioses son una mentira, que después de la muerte no hay nada... ahora resulta que Beric y Sandor son los ELEGIDOS del Señor de la Luz y que están aquí POR ALGUNA RAZÓN, ya que tienen una misión que cumplir. A ver, coño, aclárense, ¿hay dioses o no hay dioses? Si los hay, ¿por qué tanta soflama ateísta en las pasadas temporadas? Y si no los hay, ¿a qué cuernos viene ahora la subtrama de los Elegidos?


ROCADRAGÓN: Desde luego, no se puede decir que para rodar esta escena los actores se hayan tenido que matar memorizando el guión. Salvo por el instante final, silencio absoluto, incluso en la fortaleza, que está COMPLETAMENTE DESHABITADA, lo cual me ha parecido absoluta y vergonzosamente inverosímil. A ver, igual soy muy tonta, pero no alcanzo a comprender por qué Stannis Baratheon, siendo dueño de una fortaleza casi inexpugnable, la dejó más vacía que el Aeropuerto de Castellón para irse de vacaciones al Muro. ¿Se llevó a todos y cada uno de los guardias consigo? ¿A los criados? ¿A los pinches, a los cocineros, a las lavanderas, a las doncellas friegaplatos? ¿De verdad no le preocupaba que los Redwyne, o los Grejyoy, o cualquier señor de pacotilla que tuviera un puto BARCO, se plantase en la isla y ocupara la fortaleza, que es precisamente lo que hace Daenerys? Bitch, please.

sábado, 17 de junio de 2017

La izquierda española y los violadores: una historia de amor (algo tóxica y un poco heteronormativa)


Me entero hoy de que un hijo de la grandísima puta, conocido como el Violador de la Paz, ha sido detenido por violar a dos mujeres e intentarlo con otras dos. Todas sus víctimas eran jóvenes; una de ellas, menor de edad. Este sujeto ha resultado ser Pedro Luis Gallego Fernández, conocido hace unos años como el Violador del Ascensor. Para los que no tengan fresca la memoria, se trata de un tipo que entre 1976 y 1992 violó a 18 mujeres y asesinó a cuchilladas a otras dos, Marta Obregón, de 22 años, y Leticia Lebrato, de 17 años. Con las que conservaron la vida también extremadamente cruel, brutal y violento, llegando al extremo de violar a una joven madre que iba con su bebé mediante el procedimiento de ponerle un cuchillo en el cuello a la criatura, amenazando con matarla si su víctima no se dejaba violar.
Este hijo del averno, que fue condenado a 273 años de cárcel, salió de prisión en 2013 tras haber cumplido sólo 21 años (le salió la ganga a poco más de año por víctima), y tres años más tarde había vuelto a las andadas. Las víctimas y la sociedad tenemos que agradecérselo a Inés del Río, una terrorista de ETA que recurrió la Doctrina Parot al Tribunal de Estrasburgo y ganó dicho recurso, haciendo que tanto ella como otros terroristas, violadores y asesinos salieran alegremente de la cárcel, libres como pajaritos.
(Nota: para quien se lo esté preguntando, la Doctrina Parot era una doctrina jurisprudencial española por la cual la reducción de la pena por beneficios penitenciarios (en plan buen comportamiento, trabajar, estudiar...) se aplicaba a cada una de las penas individualmente y no sobre el máximo legal permitido por el Código Penal, que eran 30 años. Vamos, que aunque te condenaran a 20 penas 10 años por 20 respectivas violaciones, haciendo un total de 200 años de prisión, sólo podías estar encarcelado 30 años. Con la derogación de la Doctrina Parot, si te rebajaban 5 de prisión años por buena conducta no eran 5 años menos de cada condena individual (quitándole 5 años a cada pena de 10 años, con lo cual, multiplicando 5 por 20, te quedaba una pena de 100 años de prisión), sino 5 años del máximo que podías cumplir (30 años), lo cual significaba que sólo estabas en prisión 25 años). 

Aunque los beneficios penitenciarios de reducción de condena dejaron de aplicarse cuando se reformó el Código Penal en 1995, el límite de 30 años seguía estando activo. Esto significaba que, a efectos prácticos, te daba lo mismo que te condenaran a 30 años de cárcel que a 200 porque más de 30 no ibas a estar. Esto es lo que hacía, entre otras cosas, que desalmados como Pedro Luis Gallego violaran en masa o mataran a sus víctimas después de violarlas, ya que, total, si de 30 años no vas a subir y con lo que has hecho ya los tienes, el resto de crímenes que cometas a partir de ahora te van a salir gratis.
Para evitar esto, recientemente se volvió a modificar el Código Penal creando la prisión permanente revisable para ciertos delitos, entre ellos la violación con asesinato: exactamente lo que Pedro Luis Gallego hizo con Marta y Leticia hace más de 20 años. Si esa pena hubiera existido en aquel entonces, el violador y asesino jamás hubiera vuelto a salir de prisión a menos que se rehabilitara, lo cual, a juicio de numerosos expertos, no habría sucedido nunca.

Pero resulta que no. Que una serie de partidos políticos, concretamente el PSOE, Convergencia i Unió, Izquierda Plural (coalición de IU, ICV-EUiA y CHA), UPyD, EAJ y PNV, han interpuesto un recurso de inconstitucionalidad en el Tribunal Constitucional contra dicha reforma del Código Penal. Es más, el PNV hizo una proposición no de ley para derogar la prisión permanente revisable y la apoyaron TODOS los partidos políticos salvo PP (que votó en contra) y Ciudadanos (que se abstuvo).
Eso significa que PSOE, Podemos y todos los partidos de izquierdas que se auto proclaman adalides del feminismo y se vanaglorian de defender a las mujeres, están conspirando para que sujetos como Pedro Luis Gallego y otros monstruos similares salgan a la calle para seguir violando y asesinando, incluso cuando se ha demostrado que la reincidencia en estos casos es altísima y que los criminales sexuales reincidentes no pueden controlar sus impulsos de seguir violando.

Y yo me pregunto, ¿dónde están las feministas en estos casos? ¿Dónde está la oleada de indignadas feministas de izquierdas (o feministas sin más, puesto que algunas "mesías" del movimiento han declarado sin rubor que ser feminista implica necesariamente ser de izquierdas) exigiendo a sus partidos que retiren de inmediato el recurso y la propuesta no de ley y apoyen la prisión permanente revisable contra los violadores asesinos? ¿Dónde están ahora mismo Carolina Bescansa, Rita Maestre, Teresa Rodríguez, Clara Serra, Irene Montero, Bibiana Aído, Anna Mercadé, Soledad Murillo, Montserrat Boix? ¿Dónde están escritoras como Lucía Etxebarría o tuiteras activistas como Barbijaputa (que según acabo de comprobar ahora mismo no tiene UN PUTO TUIT al respecto)? ¿Están tan ocupadas pidiendo a los curas que saquen sus rosarios de los ovarios femeninos que el pene de un violador en una vagina femenina les parece un problema menor?

Ojo, el adjetivo "femenino" no es gratuito; lo pongo a propósito, que como ahora resulta que hay niños con vulva, igual los que tienen ovarios y vagina masculinos se me ofenden.

O quizás es que no son feministas. O lo son solamente de boquilla. De lo que queda bien. Quizás son unas pesebreras de sus partidos, de sus lobbys, de sus ideólogos políticos. Porque aquí parece que estas señoras están tan ocupadas en defender que se normalice el lenguaje y la lenguaja inclusivo e inclusiva de todos y todas los ciudadanos y las ciudadanas, tan ocupadas en combatir los micromachismos, la heteronormatividad patriarcal cisgénero, el mansplaining, el manspreading, y el amor romántico (que es tan tóxico), que lo mismo se han olvidado de cosas que, igual, son UN POQUITO más importantes. Como por ejemplo la lapidación de adúlteras, la ablación genital femenina, el matrimonio forzado de niñas, el aborto selectivo y el infanticidio femenino, o si nos vamos un poco más cerca de casa y del tema con el que todo esto ha empezado, de mantener encerrados en la cárcel a los monstruos degenerados que violan y asesinan a las mujeres.

lunes, 5 de junio de 2017

"Y entonces, todos murieron". Hasta los ovarios del grimdark

El grimdark es un género como otro cualquiera. No estoy en contra de él, de hecho, hay bastantes historias y trasfondos de esa temática que me gustan.
El grimdark es un subgénero de la fantasía y la ciencia ficción que puede resumirse en: "La vida es una mierda, los finales felices no existen, los malos suelen ganar, y aunque pierdan se van a llevar al héroe y/o a sus seres queridos por delante". Hoy por hoy, sus exponentes más conocidos son Warhammer 40.000 en la ciencia ficción, Los mitos de Lovecarft en el terror, Canción de Hielo y Fuego en la literatura fantástica, y su serie derivada, Juego de Tronos, en la ficción televisiva.
Como ya he dicho, no es que me parezca un mal género; el problema es que parece estar contagiando con el virus del pesimismo nihilista a un sinnúmero de géneros vecinos que, de hecho, tradicionalmente representaban su contrario.
Space-opera. Superhéroes. Fantasía épica. Son géneros con malos potentes que, no nos engañemos, suelen dar por el saco, y a menudo se cargan a secundarios molones. Sólo hay que ver la muerte de Boromir en El Señor de los Anillos o el sacrificio de Obi-Wan Kenobi en La Guerra de las Galaxias. Pero todas estas son muertes que: a) no acaban con el héroe ni con su interés amoroso, sino con un aliado o un mentor, y b) ocurren al principio de la trilogía, para mostrar la maldad del enemigo o dejar al héroe sin el apoyo de su mentor.
Ignoro si la tendencia ha cambiado a causa del nihilismo y el cinismo que impera en una sociedad decadente como la nuestra, tan parecida al Imperio Romano en sus últimos tiempos, pero eso lo sabrán decir los antropólogos y los sociólogos mejor que yo. El caso es que ocurre, está sucediendo, y los dos primeros en subirse al carro fueron George R.R.Martin y J.K.Rowling, el primero matando a Ned Stark al final de su novela Juego de Tronos, y la segunda al aniquilar en la saga de Harry Potter a todo secundario carismático amado por los lectores, desde Snape a Dumbledore pasando por Hedwig, Fred Weasley y todos y cada uno de los Merodeadores y sus parejas amorosas (si las tenían). De hecho, tengo la firme creencia de que el único motivo por el que Rowling no se atrevió a matar definitivamente a Harry o a Ron (Hermione estaba a salvo, era su alter ego reconocido) fue porque estaba escribiendo una saga supuestamente para niños.
El problema con George R.R.Martin es que no se limitó a triunfar; arrasó. Los libros ganaron fama mundial, se convirtió en una serie televisiva, y dicha serie, aunque parezca increíble, volvió todavía más nihilista y oscuro el universo de Poniente, matando a numerosos personajes que seguían vivos en los libros y cortando de cuajo cualquier posibilidad de que hubieran dioses o tan siquiera vida después de la muerte, convirtiendo a los personajes en trozos de carne pensantes masacrándose sin sentido en un mundo carente de propósito, esperanza, justicia y cualquier vestigio de final feliz.
Y aunque los demás géneros no siempre llegan a tanto, el contagio parece estar cada vez más claro. En ninguna novela, película o serie de fantasía moderna aparecen personajes religiosos, a no ser que sean malvados cuyo papel es el del fanático intolerante. Las historias de amor carecen de romanticismo, incondicionalidad y sentido del sacrificio (hoy sería imposible ver a Rose diciéndole a Jack "si tú saltas, yo salto", a Sam despedirse de Molly con un "hasta pronto" antes de subir al Cielo, o a la niña del Cuervo aseverando que "los edificios arden, las personas mueren, pero el amor verdadero es para siempre"). Lo contrario sería pecar de conservadurismo, de mojigatería, de cursilería edulcorada, o (¡no lo quiera Dios... aaah, espera, que no se puede decir "Dios"!), de heteronormatividad.
Y así estamos. Aclamando los finales de mierda que te dejan el corazón hecho pedazos, en los que el héroe, su interés amoroso o ambos acaban muriendo al final de la partida, eso sí, tras salvar el mundo. El Despertar de la Fuerza, Rogue One, Logan y otras películas más recientes y aclamadas que no voy a mencionar para que no me linche la brigada anti-spoiler son un buen ejemplo. Hasta en la mediocre trilogía de El Hobbit tuvieron que sacarse de la manga un romance interracial inexistente sólo para poder darle un final trágico.
Y disculpen mis lectores si empiezo a estar harta de esto, pero harta DE VERDAD. Porque cuando me meto con Los Fantasmas de Gaunt o con los rifirrafes entre los Stark y los Lannister ya sé a lo que voy, pero estoy hasta los ovarios de que me pongan un chorro de limón y otro de salsa picante en el plato hasta cuando pido fresas con nata. Si quiero grimdark y finales trágicos, a eso voy, pero NO es lo que busco cuando compro una entrada para ver El Hobbit, Wonder Woman o Star Wars.
Además, antes los finales trágicos al menos eran originales, pero ahora ya no pueden presumir ni de eso. Y no sólo dejan con una sensación amarga al lector o al espectador, sino que encima denotan una auténtica pereza. En cierta ocasión comenté con un amigo escritor que los finales felices son mucho más difíciles que los trágicos cuando están bien hechos, porque terminar una historia con un final feliz de verdad (coherente y bien desarrollado, no resuelto a base de deus ex machina) es como hacer encaje de bolillos. Porque toda historia que se precie de ser emocionante tiene que enfrentar al héroe a unas circunstancias aterradoras, unos enemigos terribles o una dificultades aparentemente irresolubles. Y en esos casos, lo normal la mayoría de las veces es que los malos acaben triunfando y los buenos y sus seres queridos muriendo. Vamos, que para escribir un final así no tienes que hacer ningún esfuerzo narrativo, sencillamente dejas las cosas rodar como vienen y ya está.
Pero los héroes son héroes precisamente porque son capaces de enfrentarse a las adversidades y vencerlas con su fuerza y su ingenio, y las historias épicas lo son precisamente por el componente de lo que Tolkien llamaba eucatástrofe, es decir, el triunfo de la bondad y el amor en el último momento cuando ya todo parecía perdido. Si en una guerra hay un soldado, lo normal es que muera, y si a un grupo de rebeldes los mandan a una misión peligrosa de sabotaje, lo normal es que mueran también. Pero yo no quiero ver lo normal. Yo quiero ver lo único, lo épico, lo inesperado y lo glorioso. Como lectora y espectadora, no quiero que me muestren la lógica muerte de un personaje puesto en una situación de peligros y sacrificio. Quiero que me muestren cómo ese mismo personaje, guiado por un noble y heroico espíritu de valor y sacrificio, es capaz de superar de modo coherente todas las dificultades y alzarse con el triunfo contra todo pronóstico, cuando ya no había esperanza. Quiero verle triunfar y quedarse con su amor, no por un afortunado deus ex machina, sino porque ha hecho uso de todas las virtudes y herramientas que tenía para lograrlo. Que nos hagan sufrir, que nos hagan creer incluso que han muerto para subir nuestra expectación al máximo, pero sólo para hacernos gritar aún más fuerte de alegría cuando por fin se salvan.
Y, como dije en otra ocasión, cuando quiera ver las desgracias y el sufrimiento que ocurren en el mumdo real, ya me ocuparé de leer el periódico o ver las noticias.

jueves, 6 de abril de 2017

Crítica de "La Bella y la Bestia" (versión de 2017)


Creo que fue Jorge Luis Borges quien dijo en cierta ocasión que todos los escritores, por muchas novelas que escriban, cuentan la misma historia una y otra vez, porque es la que llevan en el alma y en el corazón. Si tal cosa es cierta, en mi caso la historia -sin duda alguna- es La Bella y la Bestia. Fue la película de Disney que más me impactó en la infancia junto a La Sirenita, porque las dos me tocaron la fibra sensible en lo que respecta a mis anhelos, mis sentimientos y mis deseos más íntimos. Y por eso, al enterarme de que iban a filmarla en imagen real, me invadió una mezcla de miedo y emoción.
Finalmente, hoy la he visto. Y lamento decir que me he llevado una enorme decepción.
Sí, soy realista, sé que es imposible plasmar plano a plano la versión del 1991. Sí, soy práctica, sé que algunos cambios de guión podían quedar mejor. No soy una purista anti-cambios, y hay algunos que incluso me han gustado. Pero no. La película que he visto hoy no es La Bella y la Bestia de mi infancia, y lo que es peor, parece que en el fondo ni siquiera pretende serlo. Porque en la mayor parte del metraje, parecía que la intención no fuera hacer un homenaje ni un remake, sino una parodia. Una puñetera parodia.


 Mi reacción a medida que iba viendo la película

No le veo mucho sentido a avisar de los spoliers porque tooodo el mundo conoce esta historia y además a estas alturas casi todo el mundo debe haber visto ya la película, pero por si acaso, SPOILERS:



Lo que me ha gustado:


-Lumiêre y Din-Don: Un dúo genial. No sólo porque lo formen los maestros Ian McKellen y Ewan McGregor, sino porque los actores se lo han pasado genial actuando y se nota. Lumiêre es de los pocos personajes de la película que conservan intacta la esencia de sí mismos, aquello que los hacía especiales en la versión de dibujos animados. Din-Don es más amable y menos cascarrabias, pero aún así es reconocible y aceptable.

-La señora Potts y Chip: Otro dúo que me ha encantado y que sigue siendo reconocible. Sin embargo, me ha sabido mal que le quiten a Chip el protagonismo que tenía en la película de dibujos animados, donde cumple un papel fundamental para que Bella pueda salvar al príncipe. En la versión actual le restan heroísmo y minutos de metraje.

-Las canciones Qué Festín y Bella y Bestia Son: Son las ÚNICAS canciones de toda la película que suenan decentemente y no parecen parodias histriónicas de las originales. Las únicas coreografiadas con belleza y con cariño. De hecho, la escena del baile fue la única en toda la película que consiguió emocionarme, hasta el punto de hacerme saltar lágrimas. Y menos mal, porque -increíblemente- fueron las únicas que derramé durante la película.

-El padre de Bella: En la película de dibujos, Maurice es un inventor excéntrico y despistado, incapaz de valerse por sí mismo y al que su hija tiene que cuidar. En la versión actual, lo han convertido en un artista, un hombre melancólico pero fuerte, de pasado trágico, inteligente y férreamente protector con su hija. Nunca se deja engañar por Gastón, y me encanta cuando le suelta a la cara que nunca dará su consentimiento para que se case con su hija (punto importante, dentro de las burradas anacrónicas de la película, que los guionistas recuerden que en el siglo XVII era fundamental que el padre de una joven aprobara al pretendiente y consintiera de buen grado al matrimonio). Son de esos cambios que, si bien no eran imprescindibles, son aceptables y me parecen un acierto.

-Que se expliquen algunas cosas que en la versión animada quedaron sin explicación, como por ejemplo por qué nadie en el pueblo parece saber que a pocos kilómetros existe un castillo donde supuestamente vivía un príncipe, o el motivo por el cual la bruja decidió hechizar también a los sirvientes del castillo cuando en un principio eran inocentes.


Lo que no me acaba de convencer:

-¿Por qué la maldición hace que siempre sea invierno en el castillo? ¿De dónde sacan la comida entonces, si no pueden cultivarla?

-El papel de los lobos me parece un poco confuso. En la versión animada eran lobos normales, sin más (y era invierno en todas partes durante toda la película). Aquí parece como si fueran parte del hechizo, como una suerte de guardianes del umbral. Pero, en ese caso, ¿cuál es su función? Me dejaron bastante confundida.

-¿Por qué las tres putillas rubias se han convertido en tres pijas morenas? En la versión animada, las tres admiradoras de Gastón eran "taberneras de moral relajada", por decirlo finalmente. Dado que al remake de acción real no le pesa introducir insinuaciones picantes o dobles sentidos en el guión, ¿por qué no mantienen a las chicas como lo que son? ¿Y por qué las han "teñido" de moreno?

-El modo en que Maurice llega al castillo de la Bestia y es apresado por ella me parece ridículo. Los acontecimientos de la versión animada tenían sentido (inventor despistado se pierde, su caballo se escapa, huye de los lobos, se mete en el castillo a pedir auxilio y la Bestia lo encierra por allanamiento). Los del cuento original, también (mercader que regresa de hacer negocios, recuerda que ha olvidado traerle a su hija la rosa que ella le pidió, se mete en un castillo para coger una rosa del jardín, y la Bestia lo encierra por ladrón). Pero en la película han mezclado las dos historias y ha salido un sinsentido.

-Las canciones nuevas no están mal, pero no aportan gran cosa a la trama. La única bonita es la canción de la Bestia, y aún así, me parece que la película estaba mejor sin ella. ¿Por qué? Porque desluce al lado de la película original. En la versión animada, la Bestia mira por la ventana cómo Bella se marcha y lanza al viento un rugido de pura desesperación, cargado de tristeza, miedo y rabia, porque acaba de dejar marchar a la única mujer que ha amado, no sólo temiendo no volver a verla más, sino sabiendo que si no regresa ya no habrá forma de romper el hechizo. Y todos esos sentimientos los expresa mediante un acto animal, salvaje, en contraposición al civilizado y educado comportamiento que mostraba poco antes, mostrando así cómo le afecta la marcha de la única persona capaz de volver a hacerle sentirse humano. Comparado con toda esta fuerza dramática, ver a la Bestia cantando cómo echa de menos a Bella y cómo la esperará pacientemente es... no sé cómo decirlo... ¿descafeinado?

-El personaje abiertamente gay yo creía que era LeFou, pero NO. Es el pueblerino anónimo que se siente muy feliz cuando la cantante-armario lo viste de reinona. ¿En serio? ¿Siriusly fucking really? Para una vez que meten homosexualidad en un cuento clásico, y la meten con calzador y de manera ridícula. No, gracias.


Lo que NO me ha gustado:

-El prólogo inicial DA VERGÜENZA AJENA. Así, en mayúsculas. Resulta que el príncipe, que en la versión animada era una especie de Joffrey Baratheon egoísta y consentido, aquí ES EL PUTO REY DE LOS GOBLINS. ¡En serio! ¿Fui yo la única que se acordó inmediatamente de A través del Laberinto al ver esa escena? ¡Si hasta lo maquillan igual, por Dios! Es el Rey de los Goblins, sólo que en vez de rodearse de goblins bailongos, se rodea de zorrillas bailongas. ¡Vivan las orgifiestas multiculturales! OMG...

-Bella no es Bella. Es Hermione Granger cosplayeando a Bella. De verdad, no he visto al personaje de la película animada NI UNA VEZ en toda la película. Emma Watson no se cree el papel que está interpretando, es inexpresiva, forzada, incapaz de insuflar vida a la Bella de Disney, de transmitir una gota de su personalidad, su pasión, su inocencia, su compasión... Nada. Es como una cáscara vacía. Un cosplay muy bonito, con unos vestidos muy bonitos, pero debajo no hay nada.

-Yo no entiendo cómo ha habido tanta gente que ha fruncido el ceño por personajes gays, cuando hay algo realmente es descacharrante: ¿¿UN CURA NEGRO?? ¡Que estamos en la Francia del XVII, por Dios! ¡Que en aquellos momentos el mundo occidental era UNA PUTA PIGMENTOCRACIA! Si llegan a situar la acción en, qué sé yo, la colonia francesa de Martinica, pues todavía me lo creo. Me puedo tragar que entre las damas bailongas del principio hubiera chicas negras porque al Rey de los Goblins le molaban las orgías multirraciales. Incluso me creo que Plumette sea mestiza, porque al fin y al cabo es una sirvienta. Pero, ¿una soprano negra? Y lo que es más increíble, ¿¿un cura negro en un pueblecito provinciano francés de XVII?? Lo siento, pero NO. Me da igual lo políticamente correcto que sea llenar el cupo racial en las películas de hoy en día. NO. ¿Por qué no meten a un oriental, ya de paso? ¿A un maestro de esgrima japonés para que le enseñe kendo a su majestad el príncipe? ¡Si habría sido igual de coherente!

-Las canciones antiguas (a excepción de las dos que he mencionado antes, que son las únicas que se salvan), son otro gran momento de VERGÜENZA AJENA. No sólo por el pésimo doblaje (el modo en que las bocas de los actores y las voces dobladas se descoordinan es realmente vergonzoso), sino que encima son ridículas. De verdad, no me viene a la cabeza otra palabra. La canción original de Gastón era un gesto espontáneo de los aldeanos, que lo admiraban y respetaban hasta la adoración (y una crítica ácida e inteligente al caciquismo rural, a la gente de pueblo que le sigue la corriente sin rechistar al vecino mandón y con dinero, en este caso es Gastón: el único que posee armas de fuego y que puede mantener a un criado). En cambio, en la película actual los aldeanos sólo le siguen la corriente a LeFou porque éste les paga para que canten (!), destruyendo así la verosimilitud de las escenas posteriores, pues si los del pueblo no adoran a Gastón y sólo le cantaban por dinero, no se explica que luego lo sigan ciegamente cuando acusa a Maurice de locura, a Bella de brujería (¡en contra del criterio del cura! Claro, como es negro, nadie le hace ni puto caso), y organiza una turba para cazar a la Bestia. Y algo muy mal deben haber hecho en esta película para que cuando suenan Bella y su reprise yo no sintiera emoción sino bochorno. ¡La canción de mi infancia, por Dios! ¡La que me define! ¡La que he cantado para mí misma doscientas veces mientras iba por la calle!

-Esta sí es grave: no me creo la historia de amor entre la Bella y la Bestia. En absoluto. No sólo por culpa de una Emma Watson que no se cree el papel que interpreta, sino también por culpa de una Bestia a la que tampoco puedo reconocer. Su evolución es inverosímil y tiene lugar a trompicones. Esto se ve muy bien al principio; en la versión animada, es la propia Bestia quien comprende de inmediato que debe enamorar a Bella si quiere conseguir romper la maldición. Aunque sus malos modos, su carácter rudo y su despotismo están ahí, es él quien le ofrece una habitación cómoda, quien la acompaña hasta allí y quien la invita a cenar. Puede que en un principio sean sus sirvientes los que le dan las ideas, pero él las acepta de inmediato y las lleva a cabo. En la versión de imagen real, no. Aquí son los sirvientes los que de espaldas a la Bestia sacan a Bella del torreón, la llevan a sus aposentos y le dan de cenar. Con la escena de la biblioteca, otro tanto; en la versión animada, la Bestia se rompe la cabeza por buscar un regalo que haga ilusión a Bella, se le ve confuso, emocionado, ansioso, y finalmente feliz de haber acertado. En la actual, sin embargo, entran en la biblioteca por las buenas y a él se le ocurre la idea de regalarle los libros como de pasada. Es una de las escenas más mágicas de la película original, y aquí carece por completo de magia. ¿Cuál es el resultado? Que la Bestia va a rescatar a Bella de los lobos y NO ME LO CREO. Que Bella comienza a sonreír a la Bestia y a cantar Algo Nuevo en el jardín y NO ME LO CREO. No hay ninguna chispa entre los personajes; la química y la complicidad entre ellos eran mil veces mayor en la película de animación.

-Pero lo peor, realmente PEOR, es el final. Porque yo a esta película puedo perdonarle muchas cosas (y tiene una lista bastante larga de fallos que perdonar), pero lo que no le perdono es que traicione por completo el espíritu de la historia de amor más bella del mundo, y encima lo haga haciendo trampas.
Recapitulemos lo que sabíamos al principio: tras ser rechazada cuando pidió asilo en el castillo, una hermosa hechicera embrujó al príncipe, a los sirvientes y el castillo donde vivían, convirtiéndolo a él en una horrible bestia y a ellos en objetos animados. Si el príncipe era capaz de amar a una mujer, y ganarse a cambio el amor de ella, antes de que cayera el último pétalo de la rosa mágica, se desharía el hechizo y todos volverían a ser humanos. Si no lo conseguía, permanecería condenado a seguir siendo una bestia para siempre, y los sirvientes se convertirían en simples objetos.
Ahí está la clave: ANTES DE QUE CAYERA EL ÚLTIMO PÉTALO.
¿Y qué ocurre? Que cae el último pétalo y Bella NO le ha dicho a la Bestia que lo ama. Y como no se lo ha dicho, la maldición se cumple y los sirvientes se convierten en objetos. Y ya está. C'est fini. Pero no, resulta que cuando todo se ha ido a la mierda, y Bella está llorando sobre el cadáver de una Bestia que, recordemos, se TENDRÍA que quedar convertida en Bestia para siempre porque LA MALDICIÓN SE HA CUMPLIDO... resulta que aparece la hechicera, que observa la situación, y como le da un poco de penica la cosa, pues decide llevar a cabo EL MAYOR DEUX EX MACHINA DE LA HISTORIA y deshace su propio hechizo y aquí no ha pasado nada. Porque resulta que la mendiga del pueblo era en realidad la bruja, que se había quedado por allí a montar guardia y ver qué pasaba, lo cual viene a significar que la rosa y sus pétalos cayendo NO TENÍAN NINGUNA PUTA IMPORTANCIA porque la buena señora podía revertir la maldición cuando le saliera del toto incluso aunque ya se hubiera cumplido. Con lo cual no sólo destrozan por completo el dramatismo de la historia y vuelven absurda la existencia de la rosa mágica ("que no, tontos, que era broma, que lo de los pétalos cayendo era sólo para poneros nerviosos, que en realidad puedo convertiros en humanos cuando me dé la real gana"), sino que también se cargan el significado de la historia, porque lo que salva a la Bestia y rompe el hechizo que pesaba sobre el castillo y sus habitantes no es el amor de Bella, sino la compasión de la hechicera. En la versión animada original es Bella quien, con su declaración de amor, salva in extremis a la Bestia diciéndole "te amo" un segundo antes de que caiga el último pétalo. Si no se lo hubiera dicho, la Bestia se habría quedado muerta, y los sirvientes habrían seguido siendo objetos ad eternum, y todo habría terminado ahí. La salvadora es ELLA. Ahora, es la hechicera, movida por su compasión, la que tiene que venir y arreglarlo todo cuando Bella declara su amor un rato después de que el último pétalo caiga y la maldición se haya cumplido. ¡A tomar por culo la moraleja del amor salvador, señores! ¡Esta película se tendría que haber llamado La Hechicera y la Bestia! O mejor aún, El Deus Ex Machina y la Bestia.

Y, en definitiva, ahí fue donde yo me quedé incrédula, cabreada, indignada, fría como el hielo e incapaz de disfrutar de un final forzado, con una boda tan recargada y esperpéntica como el resto de la película, sintiendo que me han engañado, y lo que es peor, que han prostituido hasta niveles humillantes uno de las grandes clásicos de nuestra infancia para poder hacer caja y sacar dinero aprovechándose de la nostalgia de quienes, como yo, añoramos infinitamente la época dorada en la que a Disney (y al mundo) no le daba vergüenza proclamar en voz alta que el amor verdadero es capaz de romper cualquier maldición.

¿Veis esta expresividad? ¿Este amor? ¿Esta belleza? ¿Este romanticismo y esta fuerza dramática sin límites plasmados en el rostro de unos dibujos animados? Pues yo no los vi durante toda la película.

lunes, 20 de febrero de 2017

Reseña de "La Dama número trece", de José Carlos Somoza



 Salomón Rulfo, profesor de literatura en paro y gran amante de la poesía, sufre noche tras noche una inquietante y aterradora pesadilla. En sus sueños aparece una casa desconocida, personas extrañas y un triple asesinato sangriento, en el que, además, una mujer le pide ayuda desesperadamente. Por este motivo, Salomón acude a la consulta del doctor Ballesteros, un médico que le ayuda a desentrañar el misterio de los sueños y le acompaña en lo que se convertirá en un caso mucho más terrible y escalofriante que cualquier fantasía: el escenario del crimen es real y la mujer que pide socorro a gritos fue realmente asesinada.
En compañía de una joven de pasado enigmático, el doctor y un ex profesor de la universidad con el que mantiene una relación compleja, Salomón se adentrará en un mundo donde las palabras y la poesía son un arma de gran poder. En ese mundo, habitan las doce damas que controlan nuestro destino desde las sombras... o ¿son trece brujas?


A veces, en la vida, ocurre que te das cuenta de repente de haber cometido un error intolerable. De esos momentos en los que estás subiendo al avión para irte de vacaciones a Bora-Bora y gritas: "¡Mierda, me dejé la luz de la cocina encendida!", o te incorporas en la cama nada más acostarte con el corazón latiendo de terror y gritas: "¡Mierda, el examen es mañana, no la semana que viene!". Momentos en los que no te explicas qué narices estaba pasando por tu retorcida y diminuta cabeza para haber olvidado algo TAN básico como lo que acabas de recordar.
Bien, acabo de darme cuenta de que he sufrido un olvido de ese calibre. Descomunal. Salvaje. Impropio incluso de un despiste con patas como yo.
No había reseñado en el blog La Dama Número Trece.
Los que me conozcan, ya se pueden reír. Mi libro de terror favorito, el libro que de hecho considero la mejor historia de fantasía oscura o terror sobrenatural que he leído JAMÁS, la novela que recomiendo a TODO el mundo desde que la leí cuando salió, allá por el año 2003, el libro que lamentablemente poseo en la edición de bolsillo de 2006 porque cometí el inmenso error de prestarle a un tío con el que me enrollé en 2004 mi primera edición en tapa dura y nunca me la devolvió (si estás leyendo esto, pedazo de cabrón, QUIERO QUE ME DEVUELVAS MI LIBRO)... ese libro... pues nunca lo había reseñado en mi blog. NUNCA. Yo estaba convencida de que sí, pero no. ¡Increíble! ¡Impensable! ¡Intolerable! ¡PENITENCIAGITE!

En fin, que a eso voy, a escribir mi reseña de La Dama Número Trece. Los que leéis mis reseñas sabréis que suelo dividir la zona spoiler en tres secciones: "Lo que me ha gustado", "Lo que no me acaba de convencer", y "Lo que no me ha gustado". En este caso, no lo voy a hacer así. No sólo porque este es el rarísimo caso de una novela en la que me ha gustado ABSOLUTAMENTE TODO, sino porque me niego a escribir un sólo spoiler, oculto o no. La Dama Número Trece es una novela tan genial, tan redonda, tan magnífica e inhumanamente perfecta, que me niego a daros la posibilidad de seguir leyendo por curiosidad y destrozaros la lectura de esta joya. Bien, damos paso a la reseña. Abrochaos los cinturones, que vienen curvas...

La Dama Número Trece es una novela que podría catalogarse como fantasía oscura o thriller sobrenatural. Para mí, es la novela más terrorífica que he leído en mi vida. Pero no terrorífica de "uy, qué mal rollo esta escena, *sorbito de té con canela*", no. Terrorífica de no poder leerla de noche si no era con todas las luces de la habitación encendidas y aún así después de dejarla en la mesilla ponerme a leer otra cosa o encender la tele aunque fueran las tantas de la mañana porque no había ovarios de apagar la luz y ponerme a dormir. Esto sólo me ha pasado con otra novela más, y fue El Resplandor de Stephen King. Con la diferencia de que El Resplandor no me ha dado pesadillas y La Dama sí. Varias veces. La última de ellas, hace un par de semanas. Y ni siquiera la había releído recientemente.
Soy consciente de que lo mismo esto que acabo de decir es contraproducente porque podría espantar lectores potenciales en lugar de atraerlos. Pero no salgáis corriendo todavía, porque tengo que deciros que el terror que impregna esta novela no es en absoluto convencional. No hay demasiadas escenas gore, y las que hay están redactadas con exquisita elegancia, sin rastro alguno de casquería o morbosidad. En esta novela, incluso los horrores más abyectos son elegantes, sofisticados, musicales... son pura poesía.
Si hay algo que me sorprendió de La Dama cuando abrí sus páginas, fue la exquisitez con la que estaba escrita. Fue la primera novela que me provocó la clásica desesperación del escritor novel; esa que te embarga cuando lees a un maestro y piensas: "Mierda, no podría escribir así de bien ni aunque viviera mil años". José Carlos Somoza demuestra que es un virtuoso de la literatura, como si él fuera Samvel Yervinyan y las letras fueran un Stradivarius. Ojo, esto no significa que sea pesado, recargado o pomposo. Todo lo contrario. Su prosa es ágil, elaborada, elegante, musical, intensa, emocionante, auténtica, profunda, fluye como un río de aguas cristalinas. Las descripciones son evocadoras, el ritmo es perfecto, los diálogos naturales, el estilo impecable, es el equivalente literario a meterte en la boca tu tableta de chocolate favorita y dejar que se deshaga lentamente en tu boca. Es un placer para los sentidos.

Pero el estilo no es lo más importante. Quienes me conocen, saben que puedo disfrutar de un libro siempre que esté mínimamente bien escrito, aunque no sea una obra de arte como en este caso. Sin embargo, hay dos cosas que me parecen imprescindibles, sin las cuales soy incapaz de engancharme a a una historia o de disfrutarla a fondo: los personajes y la coherencia argumental. Por fortuna, La Dama aprueba ambas asignaturas con matrícula de honor. Todos, todos, absolutamente todos los personajes, desde los más protagónicos a los más secundarios, tienen su personalidad, sus motivos y su historia. Todos tienen algo que temer, alguien a quien amar, objetivos que cumplir, enemigos a los que derrotar. Aunque a veces el enemigo sea uno mismo. Todos ellos son descarnadamente humanos (o inhumanos, según el caso); en esta historia no existen ni los héroes perfectos ni los villanos vacíos. Puedes amar u odiar a los personajes, pero es imposible que ninguno te deje indiferente. Todos importan, todos están ahí por algún motivo, todos tienen su papel y lo ejecutan a la perfección. Acabas sufriendo con ellos (o a causa de ellos) de un modo que pocas novelas consiguen. Y lo mejor es que estos actores sobresalientes se mueven en un escenario ambientado a la perfección, ya que Somoza acierta con el equilibrio perfecto entre descripciones y acción, y encima lo hacen creando una historia que, simplemente, es perfecta. A ver, podrá gustar más o menos, de hecho lo normal es que cada pocas páginas te provoque escalofríos (de hecho, das gracias a Dios de no vivir en el universo de los protagonistas), pero la trama es perfecta en sí misma. Es emocionante, los acontecimientos suceden al ritmo adecuado, las revelaciones van apareciendo en su justa dosis, y muchas de ellas no las ves venir ni de lejos. Pero al final resulta que TODO ENCAJA. Todo. Desde la primera escena a la última, todo acaba teniendo sentido, encajando como un puzzle perfecto y funcionando con la precisión de un reloj suizo. No hay ni una sola incoherencia argumental, ni el más pequeño agujero de guión, tampoco quedan cabos sueltos ni tramas descolgadas. La historia parte de un comienzo adictivo, tiene un desarrollo impecable y se cierra de una manera redonda, frente a la que sólo cabe estallar en aplausos atronadores mientras cae el telón.

Lo único que temo con esta reseña es poner el listón TAN alto que luego alguien se decepcione. Pero de verdad creo que esta novela no os va a decepcionar, al menos si sois aficionados a la fantasía, al thriller y al terror. Salomón, Raquel, César, Susana y el doctor Ballesteros os están esperando entre sus páginas y merece la pena conocerlos. Ah, y también ELLAS. Sobre todo, ELLAS.
Aunque os pueda amedrentar que el libro sea aterrador (porque os aseguro que es aterrador), vale la pena respirar hondo y atreverse a entrar entre sus páginas. Os daréis el lujo de leer una de las mejores novelas en lengua española en lo que va de siglo, de la mano de mi autor vivo favorito.
Y, como me gustaría enseñaros una muestra de lo que vais a encontrar, os transcribo un fragmento que os dará idea de cómo es el estilo de Somoza. Se trata del fragmento que escogí para la lectura de cuentos de una convención literaria a la que asistí en 2012 (la Mereth de Annatar de la STE, para más señas). En ella, uno de los personajes encuentra una vieja fotografía de su abuelo y empieza a recordar cierto episodio de su infancia:

"Le sorprendió ver la puerta cerrada.
Aunque el viejo no tuviera clientes (podía pasarse días enteros sin tenerlos) nunca cerraba por las mañanas, ni siquiera los festivos. El niño temió que estuviera enfermo. Llamó con los nudillos y aguardó. Luego golpeó el cristal de la ventana.
– ¿Abuelo?
Dentro se escucharon ruidos, lo cual le tranquilizó un poco. Quizá el viejo se había quedado dormido. Últimamente bebía mucho y se mostraba renuente a abandonar las sábanas. Por otra parte, no hacía un día propicio para asomarse al exterior. El cielo era gris y el calor, sofocante. El viento arrastraba llamaradas saharianas apenas templadas por la presencia del mar, y los montes, erizados de ladas, temblaban a lo lejos. Un par de heliotropos que el viejo había capturado en un macetero parecían tan sañudos como el día. Probablemente habría tormenta, pensó el niño, uno de esos violentos aguaceros veraniegos que destripan las nubes. Le alegraba tal posibilidad: si llovía, sería maravilloso bajar a la playa por la tarde. El mar torturado por la lluvia siempre se mostraba oscuramente hermoso, con las gaviotas chillando enloquecidas en el espigón. Además, sus amigos aprovecharían la salvaje soledad para disparar a las negretas toscos ojaranzos afilados. Quizá hasta el viejo querría acompañarle.
– ¿Gurí? ¿Eres tú?
La puerta se abrió al tiempo que la sonrisa del niño se esfumaba por completo. Pálido y sudoroso como una vela que se derritiera sin llama, el viejo lo miraba con ojos desmesurados. La llamarada de sus palabras le hizo saber que se encontraba borracho.
– Entra, Gurí, vamos.
– ¿Qué te pasa, abuelo?
– ¡Entra…!
El viejo cerró la puerta y lo precedió hacia el interior. Cruzaron un mundo con olor a astillas habitado por herramientas terribles y madera dulce y silenciosa. Un mundo de muebles sin rostro, como niños que no han acabado de nacer. Al otro lado del taller, la habitación del viejo, su «ermita de cartujo» como él la llamaba, se hallaba invadida por igual de botellas de vino y latas de barniz y creosota. Una garrafa esparcía un denso olor a alcohol, y las huellas en el cristal de un vaso junto a ella delataban que su propietario, probablemente, llevaba bebiendo desde antes del alba.
El viejo iba de un lado a otro, vagaroso, espiando por las ventanas y asegurando las puertas. Luego se agachó y cogió al niño de los brazos.
– Gurí, hazme un favor, un gran favor… Quiero que averigües hoy mismo, ahora mismo, dónde se hospeda la mujer que llegó anoche al pueblo… Atiende, no me interrumpas… Quiero saber su nombre y de dónde viene… Es muy joven y muy bella, así que todo el mundo la habrá visto. Gurí, no me falles… Bonito mío, no me falles…
– ¿Una mujer, abuelo?
– Sí, joven, alta y hermosa. Llegó anoche. Quiero que me digas de dónde viene… Y… ¡Espera, no te vayas aún…! Lo más importante de todo. Mejor dicho, las dos cosas más importantes: averigua si lleva un broche colgado del cuello, ya sabes, un adorno dorado… Si es así, asegúrate que te digan qué forma tiene. Pero, por lo que más quieras, si en algún momento te tropezaras con ella, óyeme bien, si en algún momento la vieras… Hazme caso, gurí, niño mío… No le hables ni te acerques aunque te llame… ¡Aunque te llame! ¿Me has entendido?…
– Abuelo, no me aprietes tanto los brazos…
– ¿Me has entendido?
– Sí, abuelo.
– Ahora, vete, y vuelve cuanto antes.
No tuvo inconveniente alguno en obedecer la primera mitad de aquella orden. Estaba deseando marcharse. La conducta de su abuelo le atemorizaba. No sabía qué le ocurría, pero solo mirar sus ojos le hacía sentir escalofríos.
Regresó dos horas después. Esta vez el taller estaba abierto. La voz del viejo, desde el fondo, le invitó a pasar. Lo encontró sentado en su mecedora de enea.
– Nadie, abuelo.
– ¿Qué?
– Que no ha venido nadie al pueblo, ni ayer ni en toda la semana.
– ¿Estás seguro?
– Segurísimo. He preguntado en la pensión, en el hostal… Y fui al bar de la Trocha. Allí lo saben todo. Y no ha venido nadie. Nadie.
No quiso añadir lo que la mayoría le había dicho a continuación, y que él mismo también creía: que el viejo tenía que dejar de beber tanto. Hubiera sido incapaz de decírselo. Amaba con locura a aquel hombre de cerrada barbita cana, calvicie lenta y ennoblecida por la simetría y ojos que parecían, en sus mejores momentos, ventanas abiertas de par en par al mundo que él estaba deseando conocer. Pensó que su abuelo se alegraría con aquella noticia, pero comprobó que no era así: de hecho, parecía más desesperado que antes. Pero, de improviso, su semblante cambió. Sonrió, le guiñó un ojo.
– Me da muchísima vergüenza pedirte otro favor. Si no te apetece, me lo dices y en paz, ¿vale…?
– Vale, abuelo.
– Eres un chavalito maravilloso. Lo que me gustaría es… que pidieras permiso a tus padres para venir esta noche a mi casa. Jugaremos a las cartas, o a lo que quieras… Luego, si no tienes que marcharte pronto, te dejaré la cama y yo dormiré en el sofá… No te molestaré, te lo juro…
– Pero, abuelo…
– Sé que es un plan muy aburrido para ti, pero…
– ¿Aburrido, dices…? ¡Es estupendo…! ¡Voy a decírselo a mamá!
No tuvo problema alguno, y lo sabía. Su familia, como todo el mundo en Roquedal, había terminado por comprender que el viejo era inofensivo. Es verdad que su madre no quería saber nada de aquel remoto carpintero de quien solo había recibido una sonrisa, un beso y una buena cantidad de dinero, pero no se oponía a que el niño lo visitara con frecuencia.
Sin embargo, al llegar la hora, un acontecimiento estuvo a punto de arruinar el plan. El grumo de calor que el cielo retenía descerrajó una descarga sobre el mar y arrastró arena y polvo por las callejuelas. El niño tuvo la prudencia de salir antes de lo previsto para que sus padres no se lo impidieran más tarde. Aun así, llovía intensamente cuando llegó al taller. Algo parecido al resplandor de una luciérnaga encerrada en un fanal flotaba en la ventana. El viejo le dejó paso.
– Estás empapado, gurí. Entra y sécate.
Lo primero que le llamó la atención fue que su voz había cambiado. Ya no temblaba, ya no manifestaba miedo ni emoción alguna. Su aliento seguía oliendo a alcohol, pero no más que por la mañana. Y sus gestos eran precisos, rígidos, seguros. Dedujo de todo ello que se encontraba completamente sobrio. Después, mucho más tarde, llegaría a darse cuenta de su error. Pero en aquellos días el niño ignoraba la existencia de estados de embriaguez más allá del temblor, el tartamudeo y la burla; borracheras absolutas que eran como la locura, y podían ocultarse tras la mirada.
El viejo cruzó el taller sin tambalearse ni una sola vez, llegó a su «ermita», iluminada por un par de velas colocadas en botellas vacías, y se sentó rígidamente en su mecedora de enea. Sus ojos miraban al vacío.
– Quítate esa camisa y ponla a secar. Tengo algo de queso, por si quieres matar el gusanillo.
– Acabo de cenar, abuelo.
Durante un rato se miraron en completo silencio con el ruido de fondo de la lluvia, y el niño percibió la extrema palidez del rostro del viejo. Era como si, en el intervalo en que habían dejado de verse, toda la sangre que pintaba su cabeza hubiese escapado por algún orificio. Por fin, le oyó hablar de nuevo.
– Te agradezco tanto que hayas venido… Quería hablar contigo, contarte algo… A decir verdad… -Se inclinó hacia él y sonrió-. A decir verdad, quiero contártelo todo. -Hizo una pausa, pero la sonrisa no cedió: parecía incrustada en su rostro como esos adornos que colocaba en los muebles del taller-. Muchas veces me has preguntado si he vuelto a escribir poesía, ¿no es cierto…? Pues te confesaré un secreto… -Tendió la mano hacia la estantería que había a su espalda y sacó un cuaderno de tapas arrugadas-. Esto no se lo he enseñado a nadie nunca. En estas páginas está todo lo que he escrito últimamente… Todo.
El niño estaba a punto de sonreír extasiado cuando se dio cuenta de algo.
Fue una revelación tan violenta, tan adulta, que casi la sintió como una bofetada contra su rostro.
Su abuelo estaba enfermo. Muy enfermo. Y no era que hubiese enfermado de repente, en aquel momento: tan solo había permitido que la densa enfermedad que albergaba se abriese paso, por fin, a través de sus cansados rasgos, sus ojos como torbellinos incomprensibles de luz, sus labios plateados de saliva.
Se quedó paralizado en el asiento. Le pareció que aquel rostro arrugado que estaba contemplando era el de un desconocido, un anciano que hubiese perdido por completo la chaveta, una vieja cabra. Su abuelo era una vieja cabra, eso era.
– ¿Quieres leer un poema de tu abuelo, gurí, el poema que he estado escribiendo desde hace años…? ¡Oh, venga, no me digas que no, chavalín, siempre has deseado leer un poema de tu famoso abuelo Alejandro…! ¿Quieres leerlo…? -Y de improviso, en medio de dos truenos, aquel grito-: ¡Contesta, puñetero! -El niño dijo «sí» sin que sus propios oídos lo oyesen-. Pues aquí está.
El cuaderno no temblaba, pero empezó a hacerlo cuando el niño lo cogió.
– Léelo. Lee mi poema, chaval.
Con trémula cautela, el niño lo abrió por la primera página. No había palabras sino un dibujo torpe ejecutado con lápices de colores: una flor amarilla. En la segunda, un pájaro azul. En la tercera, una mujer atada a las patas de una cama con las piernas abiertas y


las damas


en las siguientes, cabezas humanas con carúnculas rojas emergiendo del cráneo; un rostro de ojos blancos; una niña rubia con las manos amputadas introduciéndose uno de los muñones por


las damas son trece


una muchacha de dientes afilados; un palo de escoba hundido hasta el haz en unos genitales


las damas son trece:
la número uno Invita


borrones, manchas, bocas abiertas; un rostro cubierto de gusanos; un hombre ahorcado; una mujer con el vientre abierto; una culebra deslizándose por el ojo de un bebé


las damas son trece:
la número uno Invita
la número dos Vigila


– ¿Te gusta mi poema, chaval?
El niño no dijo nada.
– ¿Te gusta mi poema? -insistió el viejo.
– Sí.
– Sigue leyendo. Lo mejor es el final.
Pasó las páginas con rápido aleteo, como el sonido de su propio corazón. Un mundo de locuras coloreadas le abanicó el rostro. La última hoja no pertenecía al cuaderno y estaba suelta. Era la única que se hallaba escrita. Reconoció la caligrafía de su abuelo. Era un poema muy raro. Parecía más bien una lista de nombres.

Las damas son trece:
La número uno Invita,
La número dos Vigila,
La número tres Castiga
La número cuatro Enloquece
La número cinco Apasiona
La número seis Maldice…
– La número siete Envenena -recitaba el viejo, al tiempo que el niño leía, sin un solo tartamudeo, sin un solo error-. La número ocho Conjura… La número nueve Invoca… La número diez Ejecuta… La número once Adivina… La número doce Conoce. -Se detuvo y sonrió-. Son las damas. Son trece, siempre son trece, pero solo se citan doce, ¿lo ves…? Solo debes mencionar doce… Nunca, ni en sueños, te atrevas a hablar de la última… ¡Ay de ti, si se te ocurriera mencionar a la número trece…!"
(La Dama Número Trece, José Carlos Somoza).


¿Cómo os quedáis? ¿Verdad que tenéis ganas de saber más? Pues para conocer el resto de la historia, tendréis que leer la novela. La única pega es que igual no es tarea fácil, porque las novelas suelen tener una vida corta y La Dama se publicó hace años, pero estoy segura de que la reeditarán muy pronto, porque Jaume Balagueró está rodando su adaptación al cine (después de AÑOS de retraso), y se estrenará a finales de 2017 con el título de Muse (La Musa). Próximamente haré una entrada al respecto; de momento, aquí os dejo el cartel promocional. Y recordad: nunca, jamás, mencionéis a la Dama Número Trece...



domingo, 22 de enero de 2017

¿Quieres conocer al culpable de la corrupción? Mírate al espejo

Hace tiempo me prometí no volver a escribir cabreada, pero es que hay veces que no me puedo contener. Hay temas que suplican que escriba sobre ellos, y éste es uno que me tiene especialmente harta.
La gente en España critica un montón a los políticos. Sobre todo al PP; algunos, más imparciales o más informados, hablan del PPSOE, e incluso de "los políticos" en general, sin distinguir ideologías ni colores, lo cual sin duda está más cerca de la verdad. "El problema de España es que los políticos roban y se tapan unos a otros", dice la gente. "El problema son los puestos a dedo, los amiguismos, los enchufes, la corrupción, los sobres bajo mano y el esto lo hacemos todos y aquí no ha pasado nada".
¿Quieres saber quién es el culpable?
Te sugiero que empieces por ti mismo.

Vale, probablemente ninguno de los que me estén leyendo sean políticos, y pocos tendrán un cargo importante en una empresa. Pero haced introspectiva por un instante, y responded con sinceridad: ¿Alguna vez habéis robado algo, no importa lo nimio que sea? ¿Alguna vez habéis pedido que os pagaran u os cobraran en negro, para ahorrar impuestos? ¿Alguna vez habéis esperado que un familiar, amigo o conocido os diera alguna prebenda (trabajo, nota más alta en un examen, un puesto en el equipo, una plaza en un curso...) sólo porque erais vosotros, aunque hubiese un desconocido que lo mereciera más? ¿Y vosotros, habéis concedido otra prebenda similar a alguien?
Y lo más importante, aunque no hayáis tenido la oportunidad de hacerlo. ¿Lo haríais si pudierais? Si vuestro mejor amigo y un desconocido optaran a la última plaza en un curso que organizáis, ¿se la daríais a vuestro amigo, aunque el desconocido hubiera enviado la solicitud primero? Si pudierais pagar veinte euros menos al fontanero para ahorraros el IVA y nadie se fuera a enterar, ¿querríais pagar el impuesto de todas maneras? Si pudierais hacer valer vuestra influencia para que un amigo o familiar vuestro consiguiera un buen trabajo aunque no fuera el más apto, ¿lo ayudaríais? Si vosotros pidierais ese mismo favor a un amigo o a un familiar y éste se negara, ¿os enfadaríais con él?
Creo que el 99% de la gente contestará al menos a una de estas preguntas con un "sí". Y es ahí a donde quiero llegar, al meollo de la cuestión. La gente se queja de los políticos y los empresarios de este país por hacer esas cosas, pero en el fondo son actitudes que se ven en todas partes. Ellos no son peores que el resto de la sociedad; son el producto y el reflejo de ésta. La única diferencia que hay entre ellos y nosotros es que ellos pueden hacerlo, y nosotros no.

"Pero es que ellos son peores", podríais objetar. "Ellos tienen la responsabilidad y el deber de dar ejemplo, puesto que son cargos públicos, y si cometen una injusticia afectan a millones de españoles".
Evidentemente cuanto más poder tengas, más daño podrás hacer. Pero yo no hablo de quién hace más daño, sino de la mentalidad imperante en este país: es un problema que tenemos todos. Los políticos llegan al poder y lo hacen porque todo el mundo lo hace. No son distintos al resto de la gente. Esta es la diferencia entre Japón, donde un Ministro de Exteriores tuvo que dimitir al descubrirse que había aceptado una donación de 435 euros, y España, donde impera el yo no te he visto si tú no me has visto, que entre bueyes no hay cornadas.
La educación y los principios nacionales empiezan desde abajo, y la mentalidad global que tenemos en este país es cosa de todos. En este país la picaresca se ve como algo de lo que enorgullecerte, no como algo de lo que avergonzarte. Yo he oído a un chico, delante de mí, contar muy orgulloso cómo robó un microondas de una tienda de electrodomésticos sin que el dependiente se coscara de nada, y cuando le reproché que eso no era para enorgullecerse porque había cometido un delito, me miró con una expresión entre la incredulidad y el desprecio, como diciendo "menuda pardilla, ésta no sabe de qué va la vida". Si le dices al fontanero que quieres factura, te mira como si fueras tonto o como si quisiera asesinarte. En los ambientes literarios, donde he empezado a moverme, la gente habla de premios literarios importantes como el Planeta o el Minotauro, comentando que están dados de antemano, con toda la naturalidad del mundo. Es algo que todo el mundo sabe, y es lo que hay: lo aceptas como lo que es, la realidad normal, y punto. A nadie se le ocurre protestar.

Por consiguiente, nadie espera en realidad que los líderes den ejemplo, porque nadie cree de verdad que éstos vayan a ser honestos y a no aprovecharse de su puesto cuando ellos mismos serían los primeros que lo harían de tener oportunidad. Esta es la mentalidad en España. Si puedes evadir impuestos o meter mano en la caja y no lo haces, no eres honrado, eres gilipollas. Si no le das el puesto de responsabilidad o el trabajillo al colega de turno, no eres imparcial, eres un mal amigo. Cuando hasta el escalafón más humilde de la sociedad española todos ven el amiguismo, el nepotismo y el chanchullo como algo normal, esperable e incluso deseable, pretender que un español llegue a un puesto de poder y no haga lo mismo, es señal de una profunda hipocresía.

En definitiva, estoy cansada de oír a la gente decir que los políticos son unos ladrones y que España necesita un cambio. Será verdad, pero España nunca tendrá un cambio si no entendemos que lo que hay que hacer es cambiar de mentalidad antes que de partido. Porque mientras impere esa mentalidad, mande quien mande, sea cual sea su partido, su color o su ideología, va a hacer exactamente lo mismo.